Wine in Moderation
Directrices para un consumo responsable Beneficios de un consumo moderado
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Alcohol y corazón

Un consumo de vino moderado y regular se asocia con varios beneficios para la salud.
En los países desarrollados, las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte y suponen hasta el 50% de todas las muertes (Gronbaek M, 2004). Los estudios científicos demuestran sistemáticamente que consumir alcohol con moderación reduce la mortalidad debida a enfermedades coronarias y a otras causas en un 25-30% en personas de mediana edad, en particular los hombres de más de 40 años y las mujeres posmenopáusicas (Corrao G et al., 2000; Wannamethee SG et al. 2003; Klatsky a. et al., 2003, Di Castelnuovo A et al., 2002; Klatsky A.L., 2007, Gronbaek M, 2004).

J-shapedCurva jotaforme de asociación entre el riesgo de mortalidad y el consumo de alcohol
Las personas que consumen vino con moderación viven más que las que se abstienen o beben en exceso. Esta asociación, ampliamente aceptada, se conoce como curva jotaforme (véase el gráfico 4). El riesgo relativo de morir está en su punto más bajo entre las personas que beben poco vino o lo consumen con moderación y resulta mayor entre los abstemios. No obstante, el riesgo aumenta de forma espectacular con cada cantidad que rebasa la moderación. Por consiguiente, cuando una o dos copas se pueden considerar “buenas para la salud”, beber más de lo aconsejable no redunda en más beneficios, ¡sino en más daños para la salud! (Corrao et al., 2000).

¿Cómo funciona?

Se cree que aproximadamente la mitad de los efectos cardioprotectores del vino se deben al propio alcohol, puesto que modifica favorablemente el equilibrio de grasas en la sangre.

Surgen enfermedades vasculares cuando el colesterol malo (LBD) se deposita en las paredes arteriales, se amontona y termina rompiéndose y formando una embolia que bloquea la arteria. A continuación, el tejido irrigado por esa arteria muere.
  • El alcohol estimula la producción de colesterol “bueno” (lipoproteína de alta densidad) que elimina el colesterol “malo” (lipoproteína de baja densidad) de las arterias y venas en las que podría formar placas.
  • También reduce la “adherencia” o coagulación de los glóbulos rojos que podrían formar una embolia y bloquear el flujo sanguíneo en una arteria (trombosis) acarreando un infarto de miocardio o un derrame cerebral (Lacoste L et al., 2001).
  • Además, el alcohol tiene un efecto antiinflamatorio global que afecta positivamente a los vasos sanguíneos y, por lo tanto, retrasa el desarrollo de la aterosclerosis (Estruch R et al., 2004).
El vino, además, contiene sustancias fenólicas que actúan como antioxidantes e impiden que el colesterol malo se introduzca en las paredes arteriales. Estos antioxidantes reducen asimismo los daños causados por los radicales libres en el cuerpo (residuos tóxicos) que contribuyen a causar enfermedades degenerativas tales como el cáncer, el Alzheimer, el Parkinson y el envejecimiento. Cabe observar que la actividad antioxidante presente en el zumo de uvas sin fermentar es menor que en el vino – la actividad antioxidante aumenta durante el proceso de fermentación y maduración. Los niveles de antioxidantes dependerán del procesamiento, de la filtración, así como de la cepa, de la añada, de la altura y del suelo (Frankel E. N. et al., 2000).

El resveratrol, así como la quercetina y la epicatequina, son los principales antioxidantes que se encuentran en el vino. Estos componentes fenólicos (bioflavonoides) dan al vino su sabor y color característicos. Las plantas los producen como respuesta a una micosis, a la luz ultravioleta, así como a varios factores químicos y físicos de estrés, en especial durante la maduración. Los investigadores han demostrado que los antioxidantes en el vino son cinco veces más potentes que el antioxidante de referencia, la vitamina E.

Estos resultados respaldan el creciente y abrumador conjunto de investigadores científicos que indican que el consumo moderado de bebidas alcohólicas se asocia con niveles menores de enfermedades coronarias, más salud y mayor longevidad (Mukamal, KL et al., 2006).

Vino y diabetes mellitus

De los estudios sobre un amplio sector de la población se desprende que las personas que consumen bebidas alcohólicas ligera a moderadamente corren menos riesgo de contraer diabetes que los abstemios o los bebedores empedernidos. Los resultados de un meta-análisis que examina la relación entre consumo moderado de alcohol y diabetes de tipo 2 indican un efecto protector contra la diabetes cuando se consume vino con moderación. Para hombres como para mujeres, el riesgo de contraer diabetes se reduce en un 30% (Carlsson S. et al., 2005, Koppes L.L. et al., 2005, Wannamethee S.G. et al., 2003; Avogaro, A. et al., 2004; Wei, M. et al. 2000).

Cómo, exactamente, el alcohol reduce el riesgo de diabetes todavía no se ha establecido con claridad. Las investigaciones señalan que el alcohol podría mejorar la resistencia del cuerpo a la insulina, un problema de la diabetes de tipo 2 o “diabetes del adulto”. Las personas que sufren diabetes de tipo 2 no pueden usar la glucosa eficazmente por su resistencia a la insulina (que es la hormona que permite que las células del cuerpo utilicen la glucosa).

Pero no sólo el riesgo de diabetes de tipo 2 disminuye con un consumo moderado de alcohol, sino también las potenciales complicaciones cardiacas vinculadas a la diabetes. Esto resulta de suma importancia si se tiene en cuenta que las enfermedades coronarias son la principal causa de muerte entre los que sufren diabetes de tipo 2, quienes además corren un riesgo cuatro veces mayor de sufrir un infarto de miocardio o un derrame cerebral. Las investigaciones indican que el riesgo disminuye considerablemente cuando consumen vino con moderación con las comidas.

Habida cuenta de la epidemia global de diabetes de tipo 2, que se prevé aumente aún y se asocia con costes sanitarios enormes, la prevención del diabetes es una cuestión clave de salud pública. No obstante, al parecer, un consumo moderado podría ayudar a reducir la diabetes de tipo 2 y, por consiguiente, contribuir significativamente a mejorar la salud pública (Djousse L. et al., 2007: 1758-65).

En vista de tales resultados, los beneficios de un consumo moderado de vino se deben también reconocer apropiadamente. No obstante, los resultados científicos sobre los beneficios de un consumo moderado, bien físicos, bien mentales, bien sociales, no deberían ser un incentivo para rebasar las directrices sobre consumo moderado de bebidas alcohólicas. Recuerden, por favor, que el vino se debería consumir por placer y deleite en vez de por un beneficio cualquiera para la salud. Por añadidura, beber más que las cantidades recomendadas no proporcionará más beneficios, ¡sino más daños para la salud!